Entradas

Mostrando entradas de octubre, 2025
Imagen
ELEGÍA   Finalmente, no fue en abril sino en octubre cuando lo hice desaparecer. Mandé que lo eliminaran.  Durante esos cinco meses, tuve la oportunidad de reconsiderarlo. Sentí alivio de no haber sido aún la causante de su pérdida. Me dio tiempo a acostumbrarme, otra vez, a la idea de que no se iría, de que seguiría conmigo.  Decidí dejarlo correr. No sería yo quien insistiera para que desapareciera. Y entonces, cuando no lo esperaba, una notificación ensombreció la pantalla de mi móvil. Con el mensaje acabó mi respiro. Mañana vendría a apartarlo de mi vida. Justo mañana, cuando mi hija cumplía veintitrés años. A ella le entristecía, pero sabía que no podía hacer nada para impedirlo. Mi decisión estaba tomada. Su presencia formó parte de su infancia. Fue su compañero de juegos, junto al columpio. —Me va bien mañana —respondieron mecánicamente mis dedos, ganándoles la partida a las dudas que abrigaba en mi corazón—. Si no lo hacía ahora, tal vez no lo haría. El indulto ha...
Imagen
  RELEVO   —Pero, ¡qué demonios! ¡Mojarás el suelo! ¡Si alguna prenda se cae, se manchará! —Había recorrido el perímetro del atelier, con el paraguas goteando, buscando un paragüero. Cuando Selena llegó al centro comercial, el cielo estaba haciendo su propia colada. Las nubes tendidas —teñidas de color tierra—, goteaban barro.  Los bríos del primer día le hicieron olvidar que tenía que haber dejado el paraguas en el coche.             —¿Y tú quién eres, si puede saberse? ¡Esto es el taller de costura! ¡Has entrado por el probador! —volvió a hablar Isabel con la voz enronquecida.  Con los ojos entornados, acentuando su marcado entrecejo, conseguido tras una amplia trayectoria de mal genio, la había recorrido de arriba abajo. El resultado de su evaluación negativa estaba otorgado de antemano.             —Soy la nueva. Me llamo Selena. —Con la frente ...
Imagen
PALABRA DE CINCO LETRAS   Quedan seis días, veinte horas y treinta minutos. Aunque, en realidad, la cuenta atrás empezó antes, en cuanto me apunté al taller de escritura.             Me faltará tiempo. Busco atajos. Me convierto en fugitiva. Un coctel de posibles huidas recorre los pliegues de mi mente. Me siento perdida. El reloj me empuja. El papel está vacío.  Tal vez pueda volver a usar alguno de los que ya he escrito. Tengo muchos relatos, todos por corregir. He revisado el listado. Al terminar la cena, en la mesa de la cocina, le cuento el que he elegido a mi hija sentada frente a mí, con la cabeza recostada sobre su brazo junto al plato vacío. Está cansada. Pienso en cuando siendo pequeña le leía uno de sus cuentos. Hace apenas dos horas que ha terminado la primera clase del taller. Por los gestos de su cara noto que a ella también le gusta. Aliviada presumo que tal vez lo tengo. «¡Ves!, no ha sido tan difícil»...