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  CENA, BAILA, ESCRIBE Un día, en clase, recibimos alborotadas la propuesta de Carmen de cambiar nuestra sesión de taller de escritura en el saloncito de su casa por: salir a cenar, ir después a bailar y para terminar, sentarnos en algún lugar a escribir sobre la experiencia vivida.  Semanas después, llegó la noche acordada de mayo.  Quedamos a la caída del sol en un restaurante mejicano de la Alameda de Hércules. Después de un día caluroso, la noche se quedó espléndida y escogimos la terraza. Sobre las mesas, nos daba la bienvenida el mismo hule de nuestras sesiones de taller. Para mí, hubo un antes y un después. Mientras estuvimos sentadas alrededor de la mesa comiendo y bebiendo, con nuestros cuerpos anclados, fuimos las mismas. La conversación, todo cuanto ocurría, tenía sentido. También el tatuaje simbólico con nuestro alias, que la profesora nos dibujó en el antebrazo con tinta morada: en el mío, DISFRUTONA. La estampa mostraba un grupo de mujeres que cenan alegres....
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MELODÍA SILENCIOSA Cada día, al levantarme, acudo a saludarlas. La jornada no empieza hasta que poso mi mirada en ellas. Erguidas sobre un lecho protector, anhelan ser contempladas. Lucen entusiastas bañadas por la lluvia, cuando los días refrescan o el calor aumenta. No faltan a la cita. Me brindan cada vez: su atrevimiento, su fragancia, su belleza. Aman la caricia del sol. Lo necesitan. Coquetas lo buscan. Como hice yo sin mesura, cuando creía en la primavera eterna. Hace casi dos meses, tras una larga espera, las coloqué en un trenzado de madera. Conté las líneas como las de un pentagrama. Las deposité de forma armoniosa como si fueran corcheas, blancas, negras. Ajusté el espacio para percibir la tonalidad de cada una de ellas. Bajo los cuidados de mi batuta, esta composición se hace realidad cada día. Puedo oír cómo sus colores se hinchan hasta estallar. De sus cálices rebosa una melodía silenciosa. Compartimos jardín. Yo las contemplo. Ellas me observan. Yo las arreglo y ellas me...
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TAN CERCA, TAN LEJOS Me siento fuera del tiempo. No es la primera vez. Sin moverme del sitio, por unos instantes, he permanecido perdida sentada en el espacio de mi escritorio.             Pedía cita telefónica para mi revisión oftalmológica. En el centro médico de costumbre, con el especialista de siempre.             Al colgar comencé a anotar fecha y hora en el calendario del móvil. Al añadir la ubicación no me salió la imagen del hospital de las veces anteriores. Me gusta ilustrar las anotaciones con una fotografía de referencia. Me ayuda a encontrar los eventos y me tranquiliza reconocer visualmente el lugar al que debo llegar.             Deslizo por la pantalla el dedo para buscarla en la anotación de la última cita. La encuentro. Confirmo que existe. En vez de nombrar el edificio escribí la dirección. ...
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LA HEBRA DE MARÍAMOCO Rozo la frontera entre la realidad y la fantasía. Soy barroca. El vacío me encoge.      En el colegio, la hebra de mis labores siempre era demasiado larga. Y claro, los nudos abundaban. Algunos se deshacían; otros exigían tijeras. No siempre las tenía a mano. Intentaba solucionarlo, sin mucha maña, antes de que madre Paz completara la ronda por el taller de costureras párvulas. Al llegar junto a mi mesa, rara vez pasaba de largo. Como una letanía, en cada parada del viacrucis, exclamaba:      —Ya estamos otra vez con la hebra de Maríamoco, que cosió un camisón y le sobró pa otro. Y al finalizar levantaba los ojos al techo, exhalando un suspiro —. ¡Ay, Señor!      Me puede la emoción.      Los detalles me atrapan, bailo con ellos.      Como las flores en primavera, despliego mis colores. Sobre el papel, nunca hago cambio de armario. Me hundo entre sus telas. Buceo a pulmón en busca de una per...
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  LA PRIMERA CASA QUE HABITÉ   Me voy a hacer los pies. Tengo tiempo. Es sábado. Voy a eliminar la piel muerta y las durezas de los talones y las plantas, la callosidad tenaz del dedo gordo de mi pie izquierdo. Repasaré con cuidado el crecimiento doloroso —de piel y carne— de mi uña encarnada del otro pie. Después los nutriré con crema y los masajearé. Lo que se abandona acaba por endurecerse. Tengo un puente muy pronunciado, casi de bailarina; el peso cae donde no debe: en las almohadillas delanteras y en los talones. Voy a dedicarles el tiempo que les niego en otoño e invierno. Siempre olvido la agradable sensación que experimento después de arreglármelos. En los primeros pasos que doy al caminar, parece que levitara.               Rebusco tras la puerta del mueble del baño lo necesario: limas, crema exfoliante e hidratante. Los sumerjo un rato en un barreño de agua tibia con sal. Tendrá que ser fina. No m...
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  DEL BOMBÍN LLOVIÓ DESEO   No entiendo por qué nunca me gustó comer guisantes. De niña, subida a un taburete con un delantal que casi me llegaba hasta los pies, disfruté desenvainándolos.  Hoy me meto en un jardín con palabras variadas de la misma familia: vaina, funda, estuche, cubierta, envoltorio. Los sábados, a continuación del almuerzo, durante el que apartaba en mi plato uno a uno los guisantes que me habían tocado, veía en la tele las películas de Sesión de tarde, en blanco y negro.  En más ocasiones de las que me gustaba, tocaba mirar:    Mosqueteros desenvainando y envainando sus espadas  Vaqueros desenfundando y enfundando sus pistolas    Indios, a la carrera, montando sin manos sus caballos, sacando las flechas del carcaj    Terminado el recorrido de diez años entre hábitos, tocas de monja, sotanas y uniformes de colegio, salí con trece primaveras por la puerta con un singular equipaje:    Miedo inculcado ...
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TRENZA DE RESINA, SALITRE Y RETAMA Hoy paseo contigo. Persigo tus huellas. Rastreo las pistas que me vas dejando. Entre el sudor pastoso y sólido de sus vestidos de corcho, tu estela quedó atrapada. No me ves, pero exploro junto a ti las heridas selladas de los pinos longevos. Atiendo al susurro de sus confidencias centenarias. Soy la mariposa que abandona su refugio para cruzarse en tu camino. Presto oído al roce de nuestras ropas con ramas flexibles y delgadas, que estiran a nuestro paso, sus brazos de terciopelo. Atrapo el sonido del crujir de las tamujas contra los terrones áridos que despiertan nuestras pisadas. Busco el aroma intenso, fresco, balsámico: el olor penetrante a limpio. La lucidez de su atrevimiento contrasta con el ímpetu salado del océano. Notas melosas de miel y vainilla flotan en contrapunto con la gravedad de la tierra. Cierro los ojos y palpo continuidad y abundancia. Hoy me regalas un conjuro: resina, salitre y retama. Y yo paseo contigo m...