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TRENZA DE RESINA, SALITRE Y RETAMA Hoy paseo contigo. Persigo tus huellas. Rastreo las pistas que me vas dejando. Entre el sudor pastoso y sólido de sus vestidos de corcho, tu estela quedó atrapada. No me ves, pero exploro junto a ti las heridas selladas de los pinos longevos. Atiendo al susurro de sus confidencias centenarias. Soy la mariposa que abandona su refugio para cruzarse en tu camino. Presto oído al roce de nuestras ropas con ramas flexibles y delgadas, que estiran a nuestro paso sus brazos de terciopelo. Atrapo el sonido del crujir de las tamujas contra los terrones áridos que despiertan nuestras pisadas. Busco el aroma intenso, fresco, balsámico: el olor penetrante a limpio. La lucidez de su atrevimiento contrasta con el ímpetu salado del océano. Notas melosas de miel y vainilla flotan en contrapunto con la gravedad de la tierra. Cierro los ojos y palpo continuidad y abundancia. Hoy me regalas un conjuro: resina, salitre y retama. Y yo paseo contigo mi...
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LA AUTORIDAD DEL GATO Sentada en el sillón orejero del salón, frente a la puerta de cristal del jardín, leo una columna del domingo en la prensa digital. Por encima de la pantalla del portátil, observo que algo se mueve fuera, sobre el borde superior de uno de los paneles de madera que forman la rinconera del jardín. Un gato atigrado, de espaldas a mí, rebusca con sus patas delanteras entre las ramas muertas del seto. A pesar de la separación, enciende todas mis alarmas. Me levanto. Me acerco. Quiero capturarlo con el móvil. Me agazapo detrás del cristal. Nos separa una distancia de poco más de seis metros. Me asomo por detrás de la cortina. Por fin se siente descubierto, y yo también. Ambos retraemos el cuerpo sobresaltados. Sus movimientos reflejan la sorpresa. Congelados, nos clavamos la mirada durante unos instantes. Una sensación de repelo, como una corriente eléctrica, recorre mi cuerpo. Con las orejas levantadas y la cola gacha aparta su mirada. Altanero, desfila por el ángulo r...
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BUSCANDO Cuando busco algo perdido recientemente, es más fácil que lo encuentre. Si lo perdí hace tiempo, me llevará más encontrarlo. Eso, si aparece. Me ha pasado que, mientras más cerca lo tenía, más distancia parecía abrirse para alcanzarlo. Otras veces, cuando dejo de buscar, después de años aflora reposado, donde —con toda lógica— lo había dejado. La tarea se vuelve homérica  cuando quiero que me encuentren. Para eso, antes, tengo que encontrarme.  En ocasiones, estoy tan al alcance, que puedo rozarme con la punta de los dedos. María José Aguayo Fotografía de Andre Steiner 
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GRAVITAR DE PLACER   Me preparo excitada para recibirlo. Cierro los ojos. Inclino levemente la cabeza hacia atrás. Aunque aún no me toca, sé que lo hará.  Cuando lo haga, el placer ya habrá comenzado a recorrer mi cuerpo. Su caricia me hace suspirar. El corazón es quien más se estremece con su roce. Desborda su torrente por toda la geografía de mi piel. Siento que pierdo el contacto con el suelo. Quedo suspendida. Nada me oprime. Nada me envuelve salvo él. Podría quedarme ahí para siempre o incluso dejar de existir. No se apresura. Sosegado, me cubre con calma, a pesar de que mi respiración le apremia. No tengo otra necesidad que intimar. No existe nada ni nadie más. No oigo nada, apenas el ronroneo leve que tiembla en mi garganta. Tras el cristal, un rayo de sol me alcanza.   María José Aguayo Interior desde Strandgade con luz sobre piso de Vilhem Harmmershøi  Acrílico sobre lienzo, 1901, Museo nacional de Dinamarca
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  CUANDO LA LUZ SE APAGA   Hace tiempo que no me asusta la oscuridad. Bueno, para ser honesta, diré que no siempre me asusta, ni lo hace como antes.              Ella no ha cambiado; sigue igual de imperturbable, profunda, inquietante. Quien ha cambiado he sido yo: la forma en que la miro, mi curiosidad, lo que espero de ella.             De resistirme a atravesarla, he pasado a buscar su compañía en ocasiones, o, tal vez, a dejarme envolver por el misterio de su paisaje.             De pequeña creía que, si me adentraba en ella, correría toda clase de peligros: un hombre me metería en su saco y me llevaría para siempre.  En este momento de mi vida adulta, a veces, me sorprendo encaminando mis pasos hacia ella. Atravieso despacio sendas por donde antes hubiera corrido despavorida, como cuan...
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METÁFORA   A diferencia del Caballero de la Triste Figura, amo las aspas que giran; concretamente, su versión reducida: me gustan los molinillos de viento. Son para mí una fuente de alegría; incluso cuando están parados, ya me la anticipan.              Cuando llega el buen tiempo, desde hace varias temporadas, coloco una pareja en la terraza de mi casa, sujeta a la baranda a diferentes alturas. De colores alegres y vistosos. Me basta con mirarlos.             Me hace gracia observar cómo se mueven cuando salgo de la tienda y los llevo en la mano, como si bailaran un swing a mi paso. Me divierte descubrirme en mi papel de niña alegre.              Celebro la llegada del momento de colocarlos, bien alineados, como una pareja que se sitúa en posición antes de bailar.     ...
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PREVISIÓN METEOROLÓGICA   He sido hormiga tanto tiempo que me cuesta ser otra cosa.           Me comparara con quien me comparara en la niñez, siempre perdía. De todos los cotejos salía opacada, me privaba de brillo. Esta cualidad perduro a pesar de mudar —como larva— la piel. Mi valía siempre estaba en temporada de rebajas; en el departamento de saldos. Era como esa gota fina de llovizna por la que si llevas paraguas, no merece la pena abrirlo “total, si no moja”.          Hormiga en el trabajo incluso antes de saber nombrarlo. Elegí seguir el rumbo que otras marcaron sin levantar polvo. Trabajaba y seguía, trabajaba y callaba. Siempre en la sombra, con el miedo a cuestas. Disponible para las labores sordas del hormiguero.          Un día, algo me empujó fuera del agujero, perdón, del hormiguero.        ...