DEL BOMBÍN LLOVIÓ DESEO No entiendo por qué nunca me gustó comer guisantes. De niña, subida a un taburete con un delantal que casi me llegaba hasta los pies, disfruté desenvainándolos. Hoy me meto en un jardín con palabras variadas de la misma familia: vaina, funda, estuche, cubierta, envoltorio. Los sábados, a continuación del almuerzo, durante el que apartaba en mi plato uno a uno los guisantes que me habían tocado, veía en la tele las películas de Sesión de tarde, en blanco y negro. En más ocasiones de las que me gustaba, tocaba mirar: Mosqueteros desenvainando y envainando sus espadas Vaqueros desenfundando y enfundando sus pistolas Indios, a la carrera, montando sin manos sus caballos, sacando las flechas del carcaj Terminado el recorrido de diez años entre hábitos, tocas de monja, sotanas y uniformes de colegio, salí con trece primaveras por la puerta con un singular equipaje: Miedo inculcado ...
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