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Mostrando entradas de marzo, 2026
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TRENZA DE RESINA, SALITRE Y RETAMA Hoy paseo contigo. Persigo tus huellas. Rastreo las pistas que me vas dejando. Entre el sudor pastoso y sólido de sus vestidos de corcho, tu estela quedó atrapada. No me ves, pero exploro junto a ti las heridas selladas de los pinos longevos. Atiendo al susurro de sus confidencias centenarias. Soy la mariposa que abandona su refugio para cruzarse en tu camino. Presto oído al roce de nuestras ropas con ramas flexibles y delgadas, que estiran a nuestro paso, sus brazos de terciopelo. Atrapo el sonido del crujir de las tamujas contra los terrones áridos que despiertan nuestras pisadas. Busco el aroma intenso, fresco, balsámico: el olor penetrante a limpio. La lucidez de su atrevimiento contrasta con el ímpetu salado del océano. Notas melosas de miel y vainilla flotan en contrapunto con la gravedad de la tierra. Cierro los ojos y palpo continuidad y abundancia. Hoy me regalas un conjuro: resina, salitre y retama. Y yo paseo contigo m...
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LA AUTORIDAD DEL GATO Sentada en el sillón orejero del salón, frente a la puerta de cristal del jardín, leo una columna del domingo en la prensa digital. Por encima de la pantalla del portátil, observo que algo se mueve fuera, sobre el borde superior de uno de los paneles de madera que forman la rinconera del jardín. Un gato atigrado, de espaldas a mí, rebusca con sus patas delanteras entre las ramas muertas del seto. A pesar de la separación, enciende todas mis alarmas. Me levanto. Me acerco. Quiero capturarlo con el móvil. Me agazapo detrás del cristal. Nos separa una distancia de poco más de seis metros. Me asomo por detrás de la cortina. Por fin se siente descubierto, y yo también. Ambos retraemos el cuerpo sobresaltados. Sus movimientos reflejan la sorpresa. Congelados, nos clavamos la mirada durante unos instantes. Una sensación de repelo, como una corriente eléctrica, recorre mi cuerpo. Con las orejas levantadas y la cola gacha aparta su mirada. Altanero, desfila por el ángulo r...
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BUSCANDO Cuando busco algo perdido recientemente, es más fácil que lo encuentre. Si lo perdí hace tiempo, me llevará más encontrarlo. Eso, si aparece. Me ha pasado que, mientras más cerca lo tenía, más distancia parecía abrirse para alcanzarlo. Otras veces, cuando dejo de buscar, después de años aflora reposado, donde —con toda lógica— lo había dejado. La tarea se vuelve homérica  cuando quiero que me encuentren. Para eso, antes, tengo que encontrarme.  En ocasiones, estoy tan al alcance, que puedo rozarme con la punta de los dedos. María José Aguayo Fotografía de Andre Steiner