GRAVITAR DE PLACER

 

Me preparo excitada para recibirlo.

Cierro los ojos.

Inclino levemente la cabeza hacia atrás.

Aunque aún no me toca, sé que lo hará. 

Cuando lo haga, el placer ya habrá comenzado a recorrer mi cuerpo.

Su caricia me hace suspirar.

El corazón es quien más se estremece con su roce. Desborda su torrente por toda la geografía de mi piel.

Siento que pierdo el contacto con el suelo.

Quedo suspendida.

Nada me oprime.

Nada me envuelve salvo él.

Podría quedarme ahí para siempre o incluso dejar de existir.

No se apresura.

Sosegado, me cubre con calma, a pesar de que mi respiración le apremia.

No tengo otra necesidad que intimar.

No existe nada ni nadie más.

No oigo nada, apenas el ronroneo leve que retumba en mi garganta.

Tras el cristal, un rayo de sol me alcanza.

 

María José Aguayo



Interior desde Strandgade con luz sobre piso de Vilhem Harmmershøi 

Acrílico sobre lienzo, 1901, Museo nacional de Dinamarca

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