PREVISIÓN METEOROLÓGICA
He sido hormiga tanto tiempo que me cuesta ser otra cosa.
Me comparara con quien me comparara en la niñez, siempre perdía. De todos los cotejos salía opacada, me privaba de brillo. Esta cualidad perduro a pesar de mudar —como larva— la piel. Mi valía siempre estaba en temporada de rebajas; en el departamento de saldos. Era como esa gota fina de llovizna por la que si llevas paraguas, no merece la pena abrirlo “total, si no moja”.
Hormiga en el trabajo incluso antes de saber nombrarlo. Elegí seguir el rumbo que otras marcaron sin levantar polvo. Trabajaba y seguía, trabajaba y callaba. Siempre en la sombra, con el miedo a cuestas. Disponible para las labores sordas del hormiguero.
Un día, algo me empujó fuera del agujero, perdón, del hormiguero.
—¡Oh, no! ¿Qué haré aquí afuera? ¡Nunca he estado sola! —me preguntaba. No solía cuestionarme.
Comencé a caminar sin parar de volver la vista a la entrada del hervidero. Tenía que regresar, pero ahora que estaba afuera, quise probar a dar pasos cortos y lentos, pausados.
Empecé a notar a ratos que me sentía más ligera, que estar sola no me daba ya tanto miedo, que me sentaba bien distanciarme de la colonia.
Y comencé a observar cómo mi penumbra se transformó en sombra. Una sombra que me define y proyecta cada vez más nítida. Me diferencia de las demás. Tengo sombra propia. Y a veces esa sombra me sorprende convertida en luz brillante, como la que reconocía de niña en las otras cuando me comparaba con ellas. Ahora la mía se refleja sobre las que antes me deslumbraron.
He sido hormiga tanto tiempo que, todavía, en ocasiones, con algo de miedo vuelvo la vista hacia la entrada —cada vez más lejos— del hormiguero. Crecida, con el exoesqueleto endurecido, he abandonado lastre por el camino.
La previsión meteorológica ha cambiado. La humedad aumenta. Ahora soy gota de lluvia que cala. Ahora soy gota de lluvia que moja.
María José Aguayo
Imagen vista en Mundo Animal
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