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Mostrando entradas de febrero, 2026
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GRAVITAR DE PLACER   Me preparo excitada para recibirlo. Cierro los ojos. Inclino levemente la cabeza hacia atrás. Aunque aún no me toca, sé que lo hará.  Cuando lo haga, el placer ya habrá comenzado a recorrer mi cuerpo. Su caricia me hace suspirar. El corazón es quien más se estremece con su roce. Desborda su torrente por toda la geografía de mi piel. Siento que pierdo el contacto con el suelo. Quedo suspendida. Nada me oprime. Nada me envuelve salvo él. Podría quedarme ahí para siempre o incluso dejar de existir. No se apresura. Sosegado, me cubre con calma, a pesar de que mi respiración le apremia. No tengo otra necesidad que intimar. No existe nada ni nadie más. No oigo nada, apenas el ronroneo leve que tiembla en mi garganta. Tras el cristal, un rayo de sol me alcanza.   María José Aguayo Interior desde Strandgade con luz sobre piso de Vilhem Harmmershøi  Acrílico sobre lienzo, 1901, Museo nacional de Dinamarca
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  CUANDO LA LUZ SE APAGA   Hace tiempo que no me asusta la oscuridad. Bueno, para ser honesta, diré que no siempre me asusta, ni lo hace como antes.              Ella no ha cambiado; sigue igual de imperturbable, profunda, inquietante. Quien ha cambiado he sido yo: la forma en que la miro, mi curiosidad, lo que espero de ella.             De resistirme a atravesarla, he pasado a buscar su compañía en ocasiones, o, tal vez, a dejarme envolver por el misterio de su paisaje.             De pequeña creía que, si me adentraba en ella, correría toda clase de peligros: un hombre me metería en su saco y me llevaría para siempre.  En este momento de mi vida adulta, a veces, me sorprendo encaminando mis pasos hacia ella. Atravieso despacio sendas por donde antes hubiera corrido despavorida, como cuan...
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METÁFORA   A diferencia del Caballero de la Triste Figura, amo las aspas que giran; concretamente, su versión reducida: me gustan los molinillos de viento. Son para mí una fuente de alegría; incluso cuando están parados, ya me la anticipan.              Cuando llega el buen tiempo, desde hace varias temporadas, coloco una pareja en la terraza de mi casa, sujeta a la baranda a diferentes alturas. De colores alegres y vistosos. Me basta con mirarlos.             Me hace gracia observar cómo se mueven cuando salgo de la tienda y los llevo en la mano, como si bailaran un swing a mi paso. Me divierte descubrirme en mi papel de niña alegre.              Celebro la llegada del momento de colocarlos, bien alineados, como una pareja que se sitúa en posición antes de bailar.     ...
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PREVISIÓN METEOROLÓGICA   He sido hormiga tanto tiempo que me cuesta ser otra cosa.           Me comparara con quien me comparara en la niñez, siempre perdía. De todos los cotejos salía opacada, me privaba de brillo. Esta cualidad perduro a pesar de mudar —como larva— la piel. Mi valía siempre estaba en temporada de rebajas; en el departamento de saldos. Era como esa gota fina de llovizna por la que si llevas paraguas, no merece la pena abrirlo “total, si no moja”.          Hormiga en el trabajo incluso antes de saber nombrarlo. Elegí seguir el rumbo que otras marcaron sin levantar polvo. Trabajaba y seguía, trabajaba y callaba. Siempre en la sombra, con el miedo a cuestas. Disponible para las labores sordas del hormiguero.          Un día, algo me empujó fuera del agujero, perdón, del hormiguero.        ...