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EL DESHIELO Y el brazo se enfría, se encoge, no arranca. Le asusta el resplandor blanco, hostil de la hoja lejana que no alcanza a atrapar los murmullos de su alma reteniendo la memoria ebria de sencillas historias, de nostalgia dorada, donde a ratos fue feliz, a ratos desdichada mientras el deshielo chorreaba por un inmenso prado lleno de sueños, por un inmenso prado llenos de esperanzas. María José Aguayo
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TIEMPO Y SILENCIO     Me he despertado varias veces durante la noche. Tengo que madrugar. No uso despertador. He cogido la costumbre de pedir que me despierten a las ánimas benditas. Necesito amanecer a las 08:10. Al acostarme, como primicia, parece que tengo claro el tiempo preciso para levantarme, desayunar, arreglarme, aparcar, acudir y coger el metro, y llegar al punto de encuentro a tiempo, a las 10:10, desde el Aljarafe hasta la ciudad. Llego con cuarenta minutos de adelanto. Mi previsión es desacertada. La mañana es fresca, pero vengo preparada con una prenda de abrigo que calienta bastante. También pesa. Se me estremece el ánimo al escuchar el graznido de gaviotas que me sobrevuelan. Tenso el cuello hacia arriba para tocar con la mirada el cielo consciente de la imposibilidad de mi deseo. Hoy las palomas de Puerta de Jerez me han sonado a gavias. El entorno es bello, pero no adecuado para ellas. El agua más cercana no es salada. Rechazo la invitación a quedarme varada ...
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ES LA HORA   El día será todavía más largo que el de solsticio de verano. El crepúsculo a pesar del retraso llegará, sumiendo a Soledad en el más oscuro desconsuelo.  El calor del sol de mediodía desborda el abatimiento causado por la llamada telefónica. Al colgar, se siente la persona más vulnerable sobre la tierra. Ni siquiera es consciente de que Sam, su incondicional compañero, con gemidos sordos, le acompaña. No la abandonará. La protegerá como lo lleva haciendo desde que Alberto, su marido, lo trajo a casa junto al ramo de flores, hace diez años, por su aniversario. Su noble perro también hizo una promesa. A pesar del golpe de calor, se le hiela la sangre, quedando expuesta a su suerte. Imposible calcular sus tremendas secuelas.              Sus admiradas “nomeolvides”, hoy le parecen flores tristes de papel, sin olor, ajenas, como una niebla pesada de nubecillas bajas que se aferran a sus piernas intentand...
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INSTANTE DE MAR INTENSA  Son las dos de la tarde. Estoy sentada en mi escritorio cuando entra en el salón con el sueño pegado aún en la cara. Vestida por abajo con pantalón de pijama y por arriba con sudadera grande del novio salpicada de agujeros en las costuras y bordes de los puños. Pone morritos mimosos. Con los brazos abiertos me pide que la estreche en los míos al tiempo que disimula el desperezo. Ayer lunes no durmió en casa.             —¡Muchas gracias, mami! —me dice con tono zalamero. Me levanto con una sonrisa y la abrazo.             —He ido a Hipercor y me he pasado por la oferta textil del hogar —le cuento mientras subimos juntas las escaleras para colocar en su cama el edredón que le he comprado.             —En la bolsa pone, 190 x 270 —con un tono un tanto suspicaz insinúa que, tal vez, ...
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LAS TRES MARIQUILLAS   Es una mañana de las más frías de enero. Las noches están siendo gélidas, los días nos despiertan con heladas. Con las estaciones templadas cada vez más duraderas, es mayor el estremecimiento que nos provocan estos fríos intensos cuando llegan. Hoy, además, el viento nos roba despiadado el calor del cuerpo.  El profesor, guía de nuestras visitas culturales, informó por mensaje en el grupo del móvil, del cambio de horario con motivo de las bajas por gripe y el frío previsto para esta semana. Espera poco público. Por las mañanas reduce a un solo turno el paseo monumental previsto para esta semana. Nunca recibo con agrado el adelanto del plan cuando toca. Supone que tengo que madrugar, pensar en el aparcamiento y alguna que otra incomodidad que  altera el transcurrir relajado de mi vida de jubilada.                     Es la segunda clase del segundo trimestr...
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LAS SUSTITUTAS Latas, latas de conserva de forma cilíndrica y diámetro gradualmente ascendente o descendente, según se mire. De aceitunas, de maíz, de guisantes. Lo más natural del mundo en un armario de cocina, no tanto si tropiezas con ellas reunidas en el suelo del dormitorio de tu hija —todo sea por el «arte»—, junto a la mesilla de noche, antes blanca anodina, que un día transformó de manera creativa pintándola a mano de azul añil con flores blancas y tallos verde agua. Hasta allí llega el rastro. El cuerpo del delito, un par de botas nuevas, se sitúan en el piso de abajo. Ocultas en un rincón donde no les alcanza la poca luz de otro día lluvioso de esta semana. Más que escondidas parecen avergonzadas por lo ridículo de ser descubiertas con lo que ocultan en su interior. Junto a la nevera de la cocina, entre esta y el taburete de madera, dormirán con un par de latas, una de maíz otra de guisantes, empujando desde dentro para ayudar a que cedan y dejen de hacerle daño con la costur...
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SUTURAS Viernes 3 de enero. Sentada en una silla de madera encolada con asiento de flexible enea, en la cocina antes de comer, remiendo calcetines. Quiero un huevo de madera para zurcir, nunca he tenido uno ni lo vi en mi casa de pequeña. Aunque no sé si añadir el uso de otra herramienta a la tarea, creo que sumado a mi pobre destreza empeorará el antiestético queloide hipertrófico que resulta de mi costura. También repaso las bolsas de malla blancas para ropa de la lavadora. Cuando tienen un roto son tan inútiles como una red de pesca rota por la que escapan victoriosas las sardinas—«¿cómo remendarán las rederas las redes de pescar?» —Podría tirarlas y comprar otras, pero he decidido repararlas.   Cuántas cosas en la vida se arreglan cosiendo con hilo y aguja: la ropa, las redes, las heridas, las historias de una vida. Cuántas piezas que podríamos haber arreglado con unas puntadas certeras relegamos como deshechos inservibles. Mientras ensarto la aguja y doy puntadas escribo,...