LA HEBRA DE MARÍAMOCO
Rozo la frontera entre la realidad y la fantasía. Soy barroca. El vacío me encoge.
En el colegio, la hebra de mis labores siempre era demasiado larga. Y claro, los nudos abundaban. Algunos se deshacían; otros exigían tijeras. No siempre las tenía a mano. Intentaba solucionarlo, sin mucha maña, antes de que madre Paz completara la ronda por el taller de costureras párvulas. Al llegar junto a mi mesa, rara vez pasaba de largo. Como una letanía, en cada parada del viacrucis, exclamaba:
—Ya estamos otra vez con la hebra de Maríamoco, que cosió un camisón y le sobró pa otro. Y al finalizar levantaba los ojos al techo, exhalando un suspiro —. ¡Ay, Señor!
Me puede la emoción.
Los detalles me atrapan, bailo con ellos.
Como las flores en primavera, despliego mis colores. Sobre el papel, nunca hago cambio de armario. Me hundo entre sus telas. Buceo a pulmón en busca de una perla escurridiza. Olvido que en la superficie también hay tesoros valiosos.
Con las palabras me pierdo, como con el hilo de mis labores. Adorno, desplazo, atavío los renglones. Muevo los dedos sin mucha maña, como entonces. Y, llegan los nudos.
Levantado el decorado y convertido el cuaderno en escenario, tras el telón —entre ornamentos— disfrazo la realidad.
Soy barroca, sí: como los sueños de Don Quijote.
María José Aguayo
Fotografía: Una modelo con una creación Maria Grazia Chiuri en el desfile de Alta Costura Primavera/Verano 2025.
BENOIT TESSIER (REUTERS)
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