MELODÍA SILENCIOSA

Cada día, al levantarme, acudo a saludarlas. La jornada no empieza hasta que poso mi mirada en ellas.
Erguidas sobre un lecho protector, anhelan ser contempladas.
Lucen entusiastas bañadas por la lluvia, cuando los días refrescan o el calor aumenta.
No faltan a la cita. Me brindan cada vez: su atrevimiento, su fragancia, su belleza.
Aman la caricia del sol. Lo necesitan. Coquetas lo buscan. Como hice yo sin mesura, cuando creía en la primavera eterna.
Hace casi dos meses, tras una larga espera, las coloqué en un trenzado de madera. Conté las líneas como las de un pentagrama. Las deposité de forma armoniosa como si fueran corcheas, blancas, negras. Ajusté el espacio para percibir la tonalidad de cada una de ellas.
Bajo los cuidados de mi batuta, esta composición se hace realidad cada día. Puedo oír cómo sus colores se hinchan hasta estallar. De sus cálices rebosa una melodía silenciosa.
Compartimos jardín.
Yo las contemplo. Ellas me observan.
Yo las arreglo y ellas me cuidan.

María José Aguayo

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