EN BUCLE

 

Voy a la peluquería. Tengo cita. Salgo como entré, sin arreglarme el pelo. No sé qué quería hacerme. Me despido. Quedo en volver pronto.

Un coche entra al salón de belleza como si estuviéramos en un taller. Conozco al peluquero, pero no le pongo cara. Al parecer ahora también arregla coches rodeado de champús, espejos y secadores.

Me estoy angustiando. No encuentro la salida. Ando cada vez más perdida subiendo y bajando las plantas de un gran edificio que no conozco, entre ascensores y portales de no salida.

Fuera, en la calle, un olor a musgo mezclado con otras plantas aromáticas y el humo de su cigarrillo me envuelve. Su recuerdo me asalta. No es la primera vez. Salgo otra vez con G. y estoy contenta, aunque al momento vuelvo a sentir la desazón en el estómago por haberlo dejado de nuevo. Los vaivenes del pasado se instalan en el presente. 

Camino con mi sobrino P. y mi hija J. por la calle con bolsas de basura tamaño jardín llenas para tirar. Contienen utensilios y enseres propios de equipaje en perfecto estado. No tengo claro qué seleccionar para tirar y en qué contenedor. Me apena haber dejado a G.

Caminamos y lo encuentro con un grupo de amigos en la escalinata de una iglesia. Siento que tengo que subir hasta alcanzarlo y darle un beso. Asciendo saltándome los escalones y lo hago. Al besarle los labios me pincha, no está afeitado. Le gusta que lo haga. Me gusta hacerlo, besarlo, pero ya no estamos juntos. Por mi mente sobrevuela la existencia de otra.

Un golpeteo rítmico contra el suelo del balcón, junto a mi cama, me despierta. No sé qué hora es. Me cuesta incorporarme. Me pesa el cuerpo. Pienso en G. Hace años que no lo veo. Tras unos segundos de duda me levanto. Abro las persianas. Es agosto, vivo en Sevilla y está lloviendo. 

Todo está empapado. Ya solo queda esperar que el calor seque los muebles de exterior que la lluvia ha calado.

Mientras desayuno, hoy bajo techo, respondo a un mensaje del peluquero de Málaga que me peinará para la boda de mi hermano. Faltan veintidós días. Necesita saber la hora del evento para agendarlo. Pienso en G.

Consulto la invitación. Me he equivocado en la hora. Vuelvo a escribirle para corregir el error. La boda será el día doce a las doce. Yo seré la madrina.

Pienso en G.

Pienso en G.

Pienso en G.


María José Aguayo

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