EL PICHÓN

 

Es su primera vez. Quiere atacar y no puede. No le queda mucho tiempo. La cuenta atrás en el reloj es inevitable.

Cada baja le duele como una herida abierta. Son demasiadas. Aun así, lucha con todo su ímpetu. No contempla la huida como opción. Protege al rey y abandona al resto de figuras a su suerte. Permanece atento a cualquier acercamiento de las contrarias, consciente de que portan la sentencia de muerte. 

En un esfuerzo feroz de concentración, moviliza las fuerzas que le quedan. 

Rebusca en su memoria el instinto de ataque extremo. Se siente acorralado y, a pesar de su debilidad, todos sus sentidos se mantienen alertas. Intenta ahuyentar a las blancas, pero no consigue evitar nuevas pérdidas. 

Contrae de manera imperceptible los músculos de su cara, apenas traga saliva, no se permite acomodarse en el asiento. Recurre a un ardid desesperado. Quiere parecer amenazante con la derrota escrita en la cara.

Su oponente solícito le deja hacer. Conoce bien la encrucijada donde se encuentra su adversario. La ha transitado en muchas ocasiones. Entiende su inmovilidad, su cálculo, su vigilancia extrema. A la espera de que le tienda la mano, la hora vencida ejecuta la sentencia. 

 

María José Aguayo 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog