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  EN BUCLE   Voy a la peluquería. Tengo cita. Salgo como entré, sin arreglarme el pelo. No sé qué quería hacerme. Me despido. Quedo en volver pronto. Un coche entra al salón de belleza como si estuviéramos en un taller. Conozco al peluquero, pero no le pongo cara. Al parecer ahora también arregla coches rodeado de champús, espejos y secadores. Me estoy angustiando. No encuentro la salida. Ando cada vez más perdida subiendo y bajando las plantas de un gran edificio que no conozco, entre ascensores y portales de no salida. Fuera, en la calle, un olor a musgo mezclado con otras plantas aromáticas y el humo de su cigarrillo me envuelve. Su recuerdo me asalta. No es la primera vez. Salgo otra vez con G. y estoy contenta, aunque al momento vuelvo a sentir la desazón en el estómago por haberlo dejado de nuevo. Los vaivenes del pasado se instalan en el presente.  Camino con mi sobrino P. y mi hija J. por la calle con bolsas de basura tamaño jardín llenas para tirar. Contienen ute...
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PROPÓSITOS SENCILLOS   Tengo tantas ganas de solucionarlo que nuevamente malinterpreté el mensaje. Lo que entendí:             —Buenos días, me puedo pasar sobre las doce para replantar la siembra. Una inyección de optimismo y entusiasmo me recorre el cuerpo al leerlo. De repente, camino más ágil a la vuelta de mi cita con el modisto, a pesar del calor que asciende del asfalto por la amplia avenida sevillana carente de sombra en este asfixiante fin de primavera.  Al llegar a casa le cuento a mi hija lo contenta que estoy. Ella se despide deseando que se dé bien la siembra. Creo que las dos imaginamos antes de tiempo, la vuelta frondosa a la fachada de nuestra casa. La realidad: —… para replantear la siembra. Tan solo una letra provoca este nuevo malentendido, el que me hace olvidar mis sollozos de hace veintiún días. Finalizaba mayo cuando la equivocación condujo a la pérdida inesperada de las tuyas que enmarcaban el ...
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  EL ZAPATERO SIN DUENDES Había una vez un aprendiz de zapatero que decidió sustituir los cordones de sus zapatillas de deporte por otros elásticos, sin lazos, con cierre metálico. Cuando terminó el primer par, le gustó tanto el resultado que pensó:             —Se los cambiaré a todos. Compró más kits de cordones de distintos colores en el mercado y fue transformando, poco a poco, todos sus zapatos. Cuando acabó, aún le sobraban piezas. Un domingo le propuso a su esposa hacer lo mismo con los suyos, si alguno de los colores le encajaba: gris, azul, verde, blanco.  Al ver la ilusión en su rostro le dijo: —Anda, tráemelos. La mujer, que ya había visto el resultado en los zapatos de su marido, aceptó. Pensó en dos pares: unos amarillos y otros blancos. Antes de comer, ella le llevó los zapatos al “taller”. —¡Vaya, traes dos! —dijo él—.  Por un instante pareció dudar de su ofrecimiento.  —Es una tarea muy ...
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TIEMPO DE COSECHA Fue en enero cuando, por primera vez, entré en su casa.  Parada en el rellano, miraba a las dos puertas. La suya como nos había indicado era la del mandala blanco de flores. No tenía perdida. Aun así, con las palmas de la manos sudorosas, me aseguré de llamar al timbre correcto. Saludé con cierta torpeza. Me acerqué algo encorsetada a dar dos besos a Carmen, la profesora. Ya nos conocíamos del taller del curso pasado del Ayuntamiento. Ese día llegué la última. Seguí el rugido del río, pero me perdí cuando ya estaba en el pueblo. Cuando entré todas las compañeras estaban sentadas alrededor de la mesa. No conocía a ninguna. No tuve que buscar la silla que me protegiera. Era la que quedaba vacía y estaba en buen sitio, me hizo sentir resguardada. Respiré. Dejé mi bolso sobre la mesa. Delante de mí, un cuadernito de flores, igual que el de ellas me daba la bienvenida.   Hoy, el salón sigue dispuesto en penumbra, con los muebles cambiados de sitio para adaptarse a...
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  CENA, BAILA, ESCRIBE Un día, en clase, recibimos alborotadas la propuesta de Carmen de cambiar nuestra sesión de taller de escritura en el saloncito de su casa por: salir a cenar, ir después a bailar y para terminar, sentarnos en algún lugar a escribir sobre la experiencia vivida.  Semanas después, llegó la noche acordada de mayo.  Quedamos a la caída del sol en un restaurante mejicano de la Alameda de Hércules. Después de un día caluroso, la noche se quedó espléndida y escogimos la terraza. Sobre las mesas, nos daba la bienvenida el mismo hule de nuestras sesiones de taller. Para mí, hubo un antes y un después. Mientras estuvimos sentadas alrededor de la mesa comiendo y bebiendo, con nuestros cuerpos anclados, fuimos las mismas. La conversación, todo cuanto ocurría, tenía sentido. También el tatuaje simbólico con nuestro alias, que la profesora nos dibujó en el antebrazo con tinta morada: en el mío, DISFRUTONA. La estampa mostraba un grupo de mujeres que cenan alegres....
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MELODÍA SILENCIOSA Cada día, al levantarme, acudo a saludarlas. La jornada no empieza hasta que poso mi mirada en ellas. Erguidas sobre un lecho protector, anhelan ser contempladas. Lucen entusiastas bañadas por la lluvia, cuando los días refrescan o el calor aumenta. No faltan a la cita. Me brindan cada vez: su atrevimiento, su fragancia, su belleza. Aman la caricia del sol. Lo necesitan. Coquetas lo buscan. Como hice yo sin mesura, cuando creía en la primavera eterna. Hace casi dos meses, tras una larga espera, las coloqué en un trenzado de madera. Conté las líneas como las de un pentagrama. Las deposité de forma armoniosa como si fueran corcheas, blancas, negras. Ajusté el espacio para percibir la tonalidad de cada una de ellas. Bajo los cuidados de mi batuta, esta composición se hace realidad cada día. Puedo oír cómo sus colores se hinchan hasta estallar. De sus cálices rebosa una melodía silenciosa. Compartimos jardín. Yo las contemplo. Ellas me observan. Yo las arreglo y ellas me...
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TAN CERCA, TAN LEJOS Me siento fuera del tiempo. No es la primera vez. Sin moverme del sitio, por unos instantes, he permanecido perdida sentada en el espacio de mi escritorio.             Pedía cita telefónica para mi revisión oftalmológica. En el centro médico de costumbre, con el especialista de siempre.             Al colgar comencé a anotar fecha y hora en el calendario del móvil. Al añadir la ubicación no me salió la imagen del hospital de las veces anteriores. Me gusta ilustrar las anotaciones con una fotografía de referencia. Me ayuda a encontrar los eventos y me tranquiliza reconocer visualmente el lugar al que debo llegar.             Deslizo por la pantalla el dedo para buscarla en la anotación de la última cita. La encuentro. Confirmo que existe. En vez de nombrar el edificio escribí la dirección. ...
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LA HEBRA DE MARÍAMOCO Rozo la frontera entre la realidad y la fantasía. Soy barroca. El vacío me encoge.      En el colegio, la hebra de mis labores siempre era demasiado larga. Y claro, los nudos abundaban. Algunos se deshacían; otros exigían tijeras. No siempre las tenía a mano. Intentaba solucionarlo, sin mucha maña, antes de que madre Paz completara la ronda por el taller de costureras párvulas. Al llegar junto a mi mesa, rara vez pasaba de largo. Como una letanía, en cada parada del viacrucis, exclamaba:      —Ya estamos otra vez con la hebra de Maríamoco, que cosió un camisón y le sobró pa otro. Y al finalizar levantaba los ojos al techo, exhalando un suspiro —. ¡Ay, Señor!      Me puede la emoción.      Los detalles me atrapan, bailo con ellos.      Como las flores en primavera, despliego mis colores. Sobre el papel, nunca hago cambio de armario. Me hundo entre sus telas. Buceo a pulmón en busca de una per...
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  DEL BOMBÍN LLOVIÓ DESEO   No entiendo por qué nunca me gustó comer guisantes. De niña, subida a un taburete con un delantal que casi me llegaba hasta los pies, disfruté desenvainándolos.  Hoy me meto en un jardín con palabras variadas de la misma familia: vaina, funda, estuche, cubierta, envoltorio. Los sábados, a continuación del almuerzo, durante el que apartaba en mi plato uno a uno los guisantes que me habían tocado, veía en la tele las películas de Sesión de tarde, en blanco y negro.  En más ocasiones de las que me gustaba, tocaba mirar:    Mosqueteros desenvainando y envainando sus espadas  Vaqueros desenfundando y enfundando sus pistolas    Indios, a la carrera, montando sin manos sus caballos, sacando las flechas del carcaj    Terminado el recorrido de diez años entre hábitos, tocas de monja, sotanas y uniformes de colegio, salí con trece primaveras por la puerta con un singular equipaje:    Miedo inculcado ...
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TRENZA DE RESINA, SALITRE Y RETAMA Hoy paseo contigo. Persigo tus huellas. Rastreo las pistas que me vas dejando. Entre el sudor pastoso y sólido de sus vestidos de corcho, tu estela quedó atrapada. No me ves, pero exploro junto a ti las heridas selladas de los pinos longevos. Atiendo al susurro de sus confidencias centenarias. Soy la mariposa que abandona su refugio para cruzarse en tu camino. Presto oído al roce de nuestras ropas con ramas flexibles y delgadas, que estiran a nuestro paso, sus brazos de terciopelo. Atrapo el sonido del crujir de las tamujas contra los terrones áridos que despiertan nuestras pisadas. Busco el aroma intenso, fresco, balsámico: el olor penetrante a limpio. La lucidez de su atrevimiento contrasta con el ímpetu salado del océano. Notas melosas de miel y vainilla flotan en contrapunto con la gravedad de la tierra. Cierro los ojos y palpo continuidad y abundancia. Hoy me regalas un conjuro: resina, salitre y retama. Y yo paseo contigo m...
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LA AUTORIDAD DEL GATO Sentada en el sillón orejero del salón, frente a la puerta de cristal del jardín, leo una columna del domingo en la prensa digital. Por encima de la pantalla del portátil, observo que algo se mueve fuera, sobre el borde superior de uno de los paneles de madera que forman la rinconera del jardín. Un gato atigrado, de espaldas a mí, rebusca con sus patas delanteras entre las ramas muertas del seto. A pesar de la separación, enciende todas mis alarmas. Me levanto. Me acerco. Quiero capturarlo con el móvil. Me agazapo detrás del cristal. Nos separa una distancia de poco más de seis metros. Me asomo por detrás de la cortina. Por fin se siente descubierto, y yo también. Ambos retraemos el cuerpo sobresaltados. Sus movimientos reflejan la sorpresa. Congelados, nos clavamos la mirada durante unos instantes. Una sensación de repelo, como una corriente eléctrica, recorre mi cuerpo. Con las orejas levantadas y la cola gacha aparta su mirada. Altanero, desfila por el ángulo r...
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BUSCANDO Cuando busco algo perdido recientemente, es más fácil que lo encuentre. Si lo perdí hace tiempo, me llevará más encontrarlo. Eso, si aparece. Me ha pasado que, mientras más cerca lo tenía, más distancia parecía abrirse para alcanzarlo. Otras veces, cuando dejo de buscar, después de años aflora reposado, donde —con toda lógica— lo había dejado. La tarea se vuelve homérica  cuando quiero que me encuentren. Para eso, antes, tengo que encontrarme.  En ocasiones, estoy tan al alcance, que puedo rozarme con la punta de los dedos. María José Aguayo Fotografía de Andre Steiner 
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GRAVITAR DE PLACER   Me preparo excitada para recibirlo. Cierro los ojos. Inclino levemente la cabeza hacia atrás. Aunque aún no me toca, sé que lo hará.  Cuando lo haga, el placer ya habrá comenzado a recorrer mi cuerpo. Su caricia me hace suspirar. El corazón es quien más se estremece con su roce. Desborda su torrente por toda la geografía de mi piel. Siento que pierdo el contacto con el suelo. Quedo suspendida. Nada me oprime. Nada me envuelve salvo él. Podría quedarme ahí para siempre o incluso dejar de existir. No se apresura. Sosegado, me cubre con calma, a pesar de que mi respiración le apremia. No tengo otra necesidad que intimar. No existe nada ni nadie más. No oigo nada, apenas el ronroneo leve que tiembla en mi garganta. Tras el cristal, un rayo de sol me alcanza.   María José Aguayo Interior desde Strandgade con luz sobre piso de Vilhem Harmmershøi  Acrílico sobre lienzo, 1901, Museo nacional de Dinamarca